martes, 2 de febrero de 2010

Paranoia de medianoche

Tengo la terrible sensación de que nuestra soledad está planificada, y a partir de esta sobredimensión del "yo". Paranoico. La soledad nos lleva a la impotencia, al sometimiento. Aunque, para ser sincero conmigo mismo, no creo que nadie en su sano juicio lo haya dispuesto todo para que así fuera. Y tampoco alguien desquiciado. Simplemente a esto nos lleva la lógica del sistema: aquello que beneficie al mercado, a nuestra costa (o a costa de otros, ya que el "nosotros" es muy laxo), es bienvenido. Nada lo puede beneficiar más que trabajemos como esclavos para estar con el mercado un poco más, esperando felicidad, u olvido. A excepción, tal vez, del trabajo esclavo o cuasi-esclavo en grandes partes del mundo, incluyendo a mi dolido México.

Parte de este rollo es la tergiversación del multicitado término de "amor". No pienso traerles aquí una carta de san valentín, aunque ya estamos por esas fechas, ni llevar luz a su vida mostrándoles el camino, el verdadero sentido del amor, sino llamar la atención sobre la forma en que el amor ha sido traducido como amor de pareja. Uno mas uno, y punto. Se le llama el día del amor y la amistad, pero se piensa en novio, pareja, amante, esposo (y su correlativo término femenino). Buscar ese amor pensando que allí seremos por fin felices, o que las penas e injusticias de esta vida serán menos así, acompañados (tampoco este es un típico rollo misántropo, nel. Yo también quiero una pareja).

Pero solo es una adición de uno, uno mas uno. Puede ser una buena o una mala relación, pero allí acaba. (O, tal vez, allí empieza...) Los lazos se cierran al mundo, y todo se trata del adentro, del yo mi me contigo. Cuando mucho, se amplían los límites de mi ego, para albergar también a la pareja, y en algunos casos a los hijos (porque no todos tienen hijos). Toda la vida se puede enfocar en encontrar la pareja, y vivir con ella. No digo que sea cosa fácil. Pero la cosa está diseñada así. Se vive sólo con la pareja, y nadie más (bueno, claro, también los hijos). Muchas familias mexicanas todavía se resisten, albergando a tíos, abuelos, primos, protegidos y demás, pero la tendencia va para allá: conseguir una casa, solos, para vivir solos, en soledad acompañada. ¿no es antinatural?

(aquí quisiera decir el típico rollo de que ya no se puede saludar a nadie cuando caminas por la calle, cuando vas en metro, en micro, en combi, cuando esperas en la fila de no sé qué, cuando vas al cine, cuando estás afuera, en cualquier parte, como sea. Mirar y pasar. Un flujo constante de almas en soledad, amontonadas, rozándose, pero solas. Quisiera, pero reparo en muchas cosas. La ciudad tiene sus grandes ventajas, y una de ellas es que no se tiene a los del pueblo encima de uno, observando cada paso suyo, sabiendo cada detalle de su vida. Los secretos tienen su encanto. Y tampoco quisiera abrir mis lazos con toda la gente. Hay gente malvada, y hay gente con la que contrasto frontalmente. Y hay mañanas alicaídas en que sólo quiero pasar, de frente, sin mirar. Aún así me deprime ver mi imposibilidad de entrar en contacto con gente con la que simpatizo instantáneamente, sin mediar palabras. Y no volverlas a ver)

Yo creo que el rollo del amor va más allá. Extender los lazos más allá de mí, cada vez más. "El corazón tiene más cuartos que una casa de putas", dijo Florentino Ariza. ¿Cómo romper esta carcaza que tomo como mía, y seguir vivo, y no estar solo? (sí, lo sé: uno está solo cuando no sabe estar consigo mismo. Cuando solito se espanta, y huye). No sé, pero igual me alegraría saberlo.

Sistema es una forma de hacer las cosas. Es una forma de enlazar todos disímiles, para formar un todo articulado. Me lo repito una y cien veces, y no lo entiendo. Hoy solo siento al gran hermano, y a este sentirme solo. Pero es de noche. Hoy mis abuelos celebran la vida. Mis padres se duelen de la muerte. Mis amigos buscan su camino. La gente disfruta, y sufre, y vive y se siente sola. Tal vez es que no sé estar aquí, y que no estoy solo. Tal vez, tal vez. Yo busco compañía, esta noche. No pido más. ¿se puede?

¿Hola? ¿Hay alguien allí?

lunes, 1 de febrero de 2010

Hablo de tender puentes, y no he enlazado una sola vez en lo que va del blog. Ni información, ni media, ni personas. Es tiempo de ir cambiando eso...

domingo, 31 de enero de 2010

tender puentes

Frente a la carga de trabajo que nos aísla, tender puentes.

Frente a este mundo que nos oprime, que nos enferma, tender puentes.

Frente a los medios que desinforman, que ciegan: comunicarnos, tender puentes.

Frente al sistema que desaloja, que acapara: compartir, tender puentes.

Frente a este vivir en vidas solitarias: amar, tendernos puentes.

Entre utopía y realidad, tender los puentes.

De isla a isla, de mundo a mundo, tendernos puentes.

Puentes que nos vinculen, que nos compartan, que nos alienten, que nos enseñen, que nos muestren que hay más que uno (que hay formas de pensar, de ver, de actuar, de ser), para que al fin nos volvamos uno.



"somos islas en mares de inmensas soledades" - Miguel Flores, `gente como uno´

"la soledad es la condición básica de la sumisión total" - Michel Foucault, `Vigilar y castigar´

"Su abrazo había sido una batalla, el clímax una victoria. Era un golpe contra el Partido. Era un acto político." - George Orwell, `1984´

digresiones sobre el sistema

La eterna búsqueda del sentido. Ahora es ¿por qué hago lo que hago? ¿Por qué quiero hacer lo que quiero hacer? El rollo del "yo" está actualmente sobredimensionado, pero si de algo sirve, es para ubicarse: en dónde se está y qué papel le toca jugar a uno, dentro de un amplio universo. Alinearse con el todo. Volcado sobre sí mismo, el "yo" se ahoga. Se hunde. Se pudre.

(el futuro utópico está más allá del "yo": en un "nosotros". Pasa necesariamente por un sentido de comunidad, por la fortaleza multidimensional de los lazos).

miércoles, 27 de enero de 2010

sinsentido

¿qué es ser poeta
Más que un grito o un naufragio
Un eco un desvarío un decir
“yo soy yo, soy yo, soy”?

¿qué es ser poeta
Más que un aguardiente, y un espejo
Un demente encierro un decir
“no estoy solo, no estoy solo, no estoy”?

Y al principio sabe tanto como siempre
(voz del cielo y de tragedia)
Que está solo
Y que no es nadie

domingo, 10 de enero de 2010

He estado masticando algo que me dijo mi padre hace unas semanas: por muchos lados encontramos la idea de que estamos en este mundo para ser felices. Que el fin de nuestra vida es la felicidad. Ahora, el imperativo moral de Kant era uno solo: tratar a las personas como fines, no como medios. No voy a discutir si es o no es ése el imperativo categórico, lo único que no hay que olvidar para convivir, sino sus consecuencias: si viviéramos solamente para nuestra felicidad, los demás serían igualmente medios para lograr mi felicidad (tengo aquí cuidado de no decir solamente placer, sino algo un poco más profundo). Únicamente medios.

O bien estamos destinados a ser personas cínicamente amorales (intentamos no decirlo para que no suene feo, pero los demás sólo me importan cuando me dan algo que me haga feliz), o bien hay algo torcido en tener a la felicidad como fin, o por lo menos como el único fin de nuestra vida. Podrían ponérsele parches: cuando hablo de mí lo podría decir en nombre de la humanidad (lo cual suena a concurso de miss universo); o bien nuestro ego es más amplio de lo que decía freud (en círculos concéntricos: pareja, familia, amistades, compañeros, paisanos...) Mi padre lo resolvió diciendo que no es la felicidad en sí, sino la plenitud; la felicidad marca el camino. A mí me queda la duda. El camino opuesto sería la desdicha total, que ni siquiera quiero pensar. Tal vez haya algo más, más allá de mí, inconexo, desinteresado, hermoso, algo...

sábado, 26 de diciembre de 2009

Lo que llega a producir una película

Anoche vimos una película, "Avatar". Nos llevó mi hermana, quería compartir con nosotros esa experiencia, y fuimos encantados. Fue impactante, lo fue (en gran parte por los efectos especiales): una buena película. Una muestra de la contradicción humana en enormes proporciones: una crítica suavemente lograda al ecocida sistema capitalista (ganar y ganar dinero sin importar los daños, y el que tiene más dinero manda...), a través de la producción de cine más cara de la historia. Financiada por algunos de los grandes megaconsorcios que rigen la economía mundial (que es alguna forma de autocrítica con un cinismo superlativo). Con el fin de lograr ganar mucho dinero a través de ella (y en el camino enviar un mensaje, quiero pensar). Y pagada por nosotros para recibir entretenimiento (y un mensaje, quiero pensar). En la película se resuelve de forma relativamente romántica (no quisiera contarla y arruinarle la experiencia a quien no la ha visto). En mi vida no se ha resuelto, no sé si eventualmente se logre resolver, y me cala hasta el tuétano.

Me hizo pensar mucho: Que somos parte de la contradicción (no es un sistema avasallador que viva fuera de nosotros y que podamos simplemente hacer a un lado). Que tengo que vivir con eso, y buscar de alguna forma de equilibrio (si no lo decido resolver en el exilio, en el psiquiátrico o en el fondo de un bote de pastillas). Que la solución también viene desde adentro. Que soy apenas una gota de agua en todo este alud de personas (¿qué será, una 0.000000000001 parte de ella?). Y que tengo que encontrar mi papel, para ayudar a que nuestro alud cambie de rumbo.

Tengo muchas dudas. "Cambiar el mundo, cambiar de rumbo...". Mi alma está inquieta, algo se avecina. También este país está a punto de vivir algo intenso, se siente en el ambiente. Este mundo se cae, y se remueve, y se cuestiona... y yo con él


viernes, 25 de diciembre de 2009

A imagen y semejanza de Dios



“A imagen y semejanza de Dios”… y sin embargo, no hay nada más humano que el dolor, el miedo, el odio, la frustración…

Mis ingenuos intentos de cambiar al mundo como lo conocemos, en el mismo sentido, podrían tomarse como típicamente anti-humanos. Y ciertamente, aquél que no gusta del mundo tal cual es, posee cierto grado de misantropía. ¡Qué desfachatez! ¡No estar de acuerdo con el mundo! ¡Querer cambiarlo!

Pero, ¡ah! Es que tampoco se da mucho a querer, que digamos…

A veces. Hoy no. Hoy es un lugar cariñoso, con personas que quieren, que buscan, que comparten, que aman. Afuera es otra cosa. Adentro hay vida. Adentro es vida…


Por cierto, comienzo mi etapa de diálogo con este curioso comic, "Calvin & Hobbes", de un gringo llamado Bill Watterson. ¡Que disfruten!

amor de mujer, amor de hombre





Amor de mujer, amor de hombre. A ellas no les importa tanto la belleza del hombre que tengan al lado, sino sentirse bellas a su lado; a los hombres no les importa tanto su propia belleza, sino la de la mujer que tienen a su lado. En cierta forma, es narcicismo contra voyeurismo. También, en cierta forma, todos hemos escuchado algo parecido. Las mujeres piensan distinto, sienten distinto, sus hormonas funcionan distinto, son criadas de forma distinta y con distintos fines, y todo el largo cuento.

Sin embargo, tenemos que terminar conviviendo, aún cuando la pareja termine siendo un total desastre. Los estereotipos no nos ayudan mucho en ese camino… (rosa es de mujer, azul de hombre; los coches son de hombres, las compras de mujeres). Y, por lo menos conmigo, no cuadran. Nos quieren acercar a un ideal que no me satisface, con fines oscuros; separar los caminos, hacernos distintos, y lo que espero es que seamos uno…

miércoles, 25 de noviembre de 2009

digresiones antropológicas

La lección suprema de la antropología, generalmente, me deja con un sentimiento de vacío casi inexplicable: Somos distintos, diametralmente distintos (distintas maneras de codificar la naturaleza, las relaciones humanas, el lenguaje, el pensamiento) y, aunque siempre existe la posibilidad de comunicación y compenetración (lo llamamos rapport, aunque no es más que la posibilidad de una empatía trans-cultural), siempre debe tomarse con pinzas. Suele llevar a malos entendidos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

beso esquimal

Ya le hacía falta un poco de imagen a este espacio. Lo inauguro así:




recetas de vida #2

Mientras más le doy vueltas, más me enredo. Tal vez sea la cosa más lógica, tal vez no. El asunto es que criticar por criticar no tiene caso. ¿Y si los demás encontraron su rollo en tal o cual corriente, quién soy yo para criticarlos? Mucho más si todavía estoy en busca del mío. Sólo puedo decir que no es para mí. Todo va a tener un pero, lo sé de antemano, me conozco, ¿qué le voy a hacer? Y yo también, tengo mis peros. Una vez más, me conozco (o me voy conociendo, con eso de que estoy chamaco). Estoy cansado. "Ya no quiero criticar, sólo quiero ser un enfermero", diría Charly García. Entonces, ¿Cuál es el chiste de la entrada pasada? No lo sé, así que doy por concluida temporalmente la sección, por lo menos hasta que encuentre alguna excusa que me sea plausible. Cambio y fuera

jueves, 29 de octubre de 2009

Lluvia samurai

— “¿A dónde vamos, mamá?”

Juan Pedro Luis se encontraba en ese momento en plena pelea con una hormiga; la intentaba dirigir hacia la orilla de la banqueta con un palito, pero ella necia que necia no se dejaba, y apenas se descuidaba un poco Juan Pedro Luis, la hormiga ya había desandado la mitad del camino. Era una de las negras, grandotas, que se mueven muy rápido, aunque no pican tanto como las rojas del mismo vuelo, o las chicantanas.
(“estoy segura de que tenía otros diez pesos… ¿en dónde estarán…?”) Al parque, mi hijito (“¿los habré dejado en la mesa al salir? Tal vez se cayeron del bolso sin darme cuenta…”). ¿No te gustan los juegos del parque? Luego vamos a tomar un helado (“¡si es que nos alcanza!”) en lo que llega tu papá antes de ir a la casa (“¡aquí están! Menos mal encontré el cambio, que si no, no tendríamos para el helado ni para el camión”)

Juan Pedro Luis estaba ya cansado de esperar. Todos los jueves era lo mismo: comer en cualquier lugar en donde NO tenían juegos para niños ni papitas fritas, luego esperar una eternidad en lo que pasara un camión a quién sabe dónde, en donde su mamá intentaba entretenerlo en lo que llegaba su papá con el coche. ¿Por qué no lo dejaban quedarse con Jorge? Él tiene el mejor videojuego, ¡y tiene dos controles! Y los zapatos le apretaban. ¿Por qué no le compraron los de lucecitas que tiene Jorge?
Cuando por fin logró que la hormiga llegara a la orilla de la banqueta, llegó el camión. Arriba, sólo podía hacer dos cosas: molestar al señor que se sentara enfrente, o voltear hacia fuera; no había ningún señor enfrente. Se puso a observar las nubes. Había una algo extraña; primero le pareció que era como un dragón con un cuerno muy largo, pero al final se convenció: era un samurai, como los de la película del sábado…

Comieron un rato y se acostó con su madre a descansar. Los columpios del parque estaban rotos; sólo quedaba la resbaladilla, que era muy pequeña. El niño se acostó en las piernas de su madre, y volvió a voltear a ver las nubes. “Si ves por un rato, encontrarás el alma de la nube volando dentro de ella”, le contaba su madre, mientras acariciaba su pelo. El niño veía y veía: un rinoceronte, un antílope africano, un pastel de chocolate con fresa y un samurai japonés con espada medieval; de hecho se parecía mucho al samurai que había visto en el camión… sí, era el mismo, aunque ahora parecía estar esperando algo. Juan Pedro Luis se volvió para observar el pico de Orizaba, más cerca y claro que nunca. Y una nube salió detrás de él, primero larga, luego acolchonadita y se estiraba y se encogía como masa de sal en manos del viento. Y por fin salió: una tortuga blanca, gordita, con los brazos y piernas estirados, como volando. “¡Esa de allá parece una tortuga!”, le dijo a su madre. Volaba lento, como admirando el paisaje, o como si algo pesado le estuviera estorbando.

En el camino se comió un pedazo del pastel de chocolate con fresa, y por un rato no se distinguió nada entre ese revoltijo. Luego la tortuga adquirió mucha velocidad y tropezó con el rinoceronte, que se convirtió en un jaguar dientes de sable y lo persiguió por medio cielo, acelerando el paso para alcanzarla, y la tortuga para no ser alcanzada.

-“Las tortugas son muy rápidas cuando tienen miedo” -¿Qué pasó, mijito? -“Nada, mamá”
La tortuga voló tan rápido que perdió de vista al jaguar, que se contentó con perseguir al antílope africano que estaba cerca. La tortuga cruzó otro monte, un río y un precipicio, y llegó al templo del samurai japonés con espada medieval, que parecía haberla estado esperando. Primero la saludó, pero se acercó cada vez más hasta que le cortó la cabeza con su espada medieval, y ambos cayeron, derramándose, hacia el suelo. Cayeron en el monte, el río y el precipicio, en el parque que se comenzó a encharcar, en su mamá que lo cargaba con prisa intentando no mojarse sin lograrlo, en un señor ejecutivo con cara de pocos amigos y sin paraguas, y sobre el vidrio del coche del padre de Juan Pedro Luis; Juan Pedro Luis escuchó por un tiempo golpetear a la tortuga y al samurai, como saludando. Este respondió el saludo, muy emocionado por los charcos que iba a pisar al llegar a su casa.

-“Mamá, ¿falta mucho para que lleguemos?” -No, mijito, ya no falta mucho. Te puedes dormir, si quieres, en lo que llegamos.

Juan Pedro Luis se acurrucó acomodando su cabeza en las piernas de su madre, se despidió de la tortuga y del samurai con dos golpecitos, y durmió sin más. Su madre lo observaba sonreír en sueños, y le comenzó a acariciar el cabello.

“Hoy sólo quiso ver las nubes en el parque, parecía algo cansado; ¿cómo te fue en el trabajo?”…

jueves, 15 de octubre de 2009

Destrozando amores

Destrozando amores, corazón apachurrado
Y subiendo las colinas pedregosas del seguir con vida
Despertando al día, y la mañana araña sueños inconclusos con sus manos
Caminando a pies cansados, realidad, trabajo, soledad cansina
Y el sentirse abandonado
Todo pesa cuando el mundo gira…

Despidiendo amores, corazón atribulado
Y el pasado es todo lo que queda
La noche llega, y al volver los pasos todo parece lejano
Desvelo ajado, y el recuerdo, herida, iluso engaño,
Y un adiós que nunca llega
Si no caminas adelante, eres fantasma, espectro, espanto,
pena…

Despierta al mundo, corazón aletargado
Abre tu supermercado, y vende caro
Si el mundo, despistado, se mira en el espejo y tú no estás allí
Y el mar de gente te traga y luego escupe porque sí
Canta, pues
Canta un mar, canta un dolor y un sueño
Canta al misterioso más allá de tus fracasos
Que si no hay nada
nos queda el canto

Dan ganas de vivir

Encontrar que la vida es gozosa. Descubrir que es gozosa, que es gozosa más allá de las palabras, y en palabras. Más allá de las frases hechas, de cursilerías de novio de secundaria, de las tonterías en libros de autoayuda. Que es gozosa en los gritos del vecino, en los ladridos de los perros del vecindario, que no dejan dormir. Que es gozosa en la humedad, y que hay cucarachas, y que hay gusanos, y una voz que dice que ya no le gusta nada. Que es gozosa en el insomnio por los ruidos y las culpas y portazos y sollozos y en recuerdos de ese niño que gritaba, que sangraba.

Que es gozosa en el olor a orines, que no hay agua, que no hay agua, que es gozosa aunque no hay agua. Que es gozosa con el corazón apachurrado, en una casa triste y sola, sin dinero, y no hay dinero, y no hay dinero. Que es gozosa porque es vida. Que es gozosa porque sí, porque hay aire y hay agua, aunque no haya agua y no haya agua. Que es gozosa porque hay gente, aunque uno de eso a veces se arrepiente. Que es gozosa porque promete siempre, y siempre pareciera haber algo más allá aunque a veces no parece. Que es gozosa porque el siguiente paso, el que le sigue, es la muerte.

Que siempre…, y aunque…, y a veces…, pero…, y no importa, que es así. Porque es gozosa porque sí. Que es gozosa porque se siente, intensa, a flor de piel, porque se mete en tus entrañas e insaciable te devora. Porque duele. Porque es vida. Porque se siente. Porque es vida. Encontrar así ese gozo masoquista, porque es vida, porque sí. Da ganas de vivir.