La lección suprema de la antropología, generalmente, me deja con un sentimiento de vacío casi inexplicable: Somos distintos, diametralmente distintos (distintas maneras de codificar la naturaleza, las relaciones humanas, el lenguaje, el pensamiento) y, aunque siempre existe la posibilidad de comunicación y compenetración (lo llamamos rapport, aunque no es más que la posibilidad de una empatía trans-cultural), siempre debe tomarse con pinzas. Suele llevar a malos entendidos.