sábado, 3 de abril de 2010

utopía y realidad

En estos meses he tenido la urgencia imperante de correr hacia la utopía. Al sur, al sur... Siento que sin ella nada tiene sentido. Ha sido un poco dura la lección, pero poco a poco la voy aprendiendo: hay que seguir su propio ritmo. Disfrutar del camino, aprender, madurar, estar aquí, presente, vivirlo intensamente. Todo ese rollo de los libros de autoayuda.

Sobre todo, que si la quiero bien, tengo que preparar mi terreno y afianzarlo. Basta de metáforas: tiene que haber un plan de vida, con el dinero muy presente (jamás omnipresente, jamás el fin último ni el centro de mi vida). Es a lo que nos enfrentamos todos saliendo de las aulas: materializar los ideales, conseguir trabajo, no desandar, no desanimar. La diferencia entre los nostálgicos y los activos: la subsistencia.Y yo, en la encrucijada.

Antes de correr a desvelar los mundos abisales, y abrir mente y corazón (al sur, siempre al sur), tengo que dejar mi mundo en paz. No dejar problemas inconclusos, en lo posible. Que no sea correr despavorido de lo que ha sido, sino caminar seguro a lo desconocido. Un acto de voluntad, nunca de inercia o desidia.

En mi caso, justo ahora, es encontrar trabajo, temporal, asegurar la maestría, responder como corresponde a los míos. Y bueno, México está en crisis. Veremos qué pasa...

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