Hoy me siento desamparado: Veo muerte en todos lados. Aunque los terremotos en California e Indonesia no fueron tan graves, hablando en vidas humanas, sí lo es el recuento de muertes por la "guerra contra el narco", y es desalentador no saber quiénes eran realmente "narcos", y quiénes fueron simplemente asesinados (las confusiones del gobierno están llegando a niveles épicos, con sus puntadas sobre los jóvenes en Ciudad Juárez y Torreón). El saber que, para la policía y el ejército, uno es delincuente hasta que se pruebe lo contrario. También recibí en un correo otro dato más sobre las matanzas gringas de civiles en Irak (link del video en Wikileaks). Chequen los comentarios: se resumen en un "está bien, porque de seguro eran insurgentes", o en un "está bien, es más importante llevarles la libertad a los iraquíes, aunque no se la merecen".
También he estado recabando datos sobre los centroamericanos de paso por México. Nadie sabe cómo cuantificar las muertes, si son cientos o miles, porque todos los terminan abandonados en la selva, en el desierto, en la montaña, en la nada. Secuestros por millares. De repente, todo se me agolpa en la mente, me turba el pensamiento. ¿En dónde está el aprecio por la vida humana? ¿Qué hacer frente a la indiferencia?
Mi padre lo decía: una cosa a la vez. No juntes en uno todos los problemas, que se convierten en el Leviatán. Piensa claro, hombre, piensa claro...
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