Nómbralo. Haz que exista. Que sea tratable, que sea explicable, que sea parte de tu mundo. Sólo así estarás tranquilo. Sólo así el mundo seguirá en paz, sin sobresaltos.
Quemaduras de segundo grado, superficiales. Pelos chamuscados, hasta las pestañas. Clara de huevo, tepezcohuite, apósitos, descanso. Fallas en el calentador de agua. Pasa a cada rato en México. Sin tragedias por lamentar.
¿Tranquilo?
A decir verdad, disfrutando la vida. Solamente, de vez en cuando, me gustaría que no todo fuera tan explicable. ¿En dónde quedó el misterio de la vida? ¿Y en dónde las sorpresas, los secretos, las delicias de lo irrepetible?
Bueno, es mucho pedir de un calentador.
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